Leer la Biblia

Yo espero que todos hayamos entendido cuán necesario es que nos alimentemos con la verdad de la Santa Escritura. Por eso creo que no necesito preguntarles si leen la Biblia.  Aunque sé que esta es una época en la que vivimos tan apurados que no se lee la Biblia como se debería leer.
Yo puedo asegurarles que si nosotros sacáramos un tiempo diario para leer la Biblia  Seríamos predicadores capaces de instruir, sin importar si somos ignorantes del “pensamiento moderno,” o no estamos “al tanto de los tiempos.”

Hay algo que es muy importante en la lectura de la Biblia, esto es: Entender lo que leemos, porque si no es así, no hemos leído nada, por eso es que debemos leer la Biblia en oración, porque es por medio del espíritu que somos bendecidos y santificados. Y esto sólo puede suceder cuando recibimos la Palabra en nuestras mentes y en nuestros corazones, aceptándola como la verdad de Dios, y entendiéndola de tal manera como para gozarnos en ella.

El que quiera ser un verdadero lector de la palabra de Dios y esforzarse por entenderla debe caer de rodillas e implorar la dirección de Dios. ¿Quién es el que mejor entiende un libro? Su autor y la Biblia es la palabra de Dios.

La lectura diligente de la Palabra de Dios, hecha con la firme intención de entender su significado, engendra la vida espiritual. Somos engendrados por la Palabra de Dios que es el instrumento de la regeneración. Por tanto hermanos amen su Biblia. Manténganse cerca de su Biblia. Llévenla a la cama con ustedes, y cuando se despierten en la mañana léanla pidiendo la dirección de Dios.
Cuando hayan recibido la regeneración y una nueva vida, sigan leyendo, porque les traerá consuelo. Verán más de lo que el Señor ha hecho por ustedes. Aprenderán que han sido redimidos, adoptados, salvados y santificados.

¿Podría creer alguien que el Señor permitiría que uno de sus hijos pereciera, habiendo leído un texto como éste: “Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”? Cuando leo eso, estoy seguro de la protección de Dios sobre sus santos. Leamos, pues, la Palabra de Dios y eso nos traerá mucho consuelo.  El acto de escudriñar las Escrituras no es el camino de la salvación.  El Señor dijo:  “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo”.  Pero la lectura de la Palabra, al igual que el oírla nos lleva a la fe y la fe trae salvación.  Porque la fe viene por el oír y la lectura de la Biblia es una forma de escuchar, de escuchar a Dios porque esa es Su Palabra. Y “la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos: y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”. Hebreos 4:12

La Biblia también nos sirve de guía. Estoy seguro que quienes más se apegan al camino recto, son los que se mantienen más cerca del libro Santo. Encontramos mucha ayuda proveniente de ese libro maravilloso, si sólo lo leemos; pues al entender mejor las palabras, lo valoramos más, y, conforme envejecemos, el libro crece con nosotros, y se convierte en un manual de devoción. (pregúntenle a nuestros ancianos)

Hablar del amor de Cristo y del cielo que tiene destinado para los suyos y memorizar versículos bíblicos está muy bien, pero es más importante tener la doctrina grabada en el corazón.  No estemos tranquilos y contentos hasta que hayamos entendido la doctrina de tal manera que hayamos sentido su poder espiritual, a través de la Palabra de Dios viva y eficaz.  Para lograr esto, necesitamos entender que Jesús está presente con nosotros siempre que leamos la palabra de Dios.  Pidámosle a Dios que miremos ese libro con toda reverencia como si en el libro estuviéramos viendo al mismo Dios y lo leyéramos en Su presencia, como escuchando su voz, sabiendo que El es su sustancia, que El es la prueba de este Libro y también Su Autor.  Esa es la forma en que los verdaderos estudiantes se vuelven sabios.

Cada vez que tomemos el Libro de Dios en nuestras manos pidamos:  Oh Señor, haz que esto sea una palabra viva para mí.  Tu Palabra es vida, pero necesito la dirección de tu Espíritu Santo y que Tú estés presente mientras leo.  Entonces en el Libro miraremos al Señor y escucharemos Su voz.

La lectura de la Escritura debe ser para nosotros la hora de la comida espiritual. Ejercitemos nuestras mentes encontrando nuestro alimento y nuestro descanso en ella, y haciendo de ella nuestro todo en todo. Nosotros seremos los que más nos beneficiaremos de ella, si la convertimos en nuestro alimento, nuestra medicina, nuestro tesoro, nuestra armadura, nuestro descanso, nuestra delicia. Que el Espíritu Santo nos lleve a hacer esto y que haga que la Palabra sea muy preciosa para nuestras almas.

El plan de salvación

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Como sé que de nuestros amigos que nos visitan puede haber alguno que no conozca del Plan de Salvación de Dios, quiero […]